27 de enero de 2034. Son las siete de la tarde y por fin llego a casa, después de un agotador día de trabajo. Entro en casa y me tumbo lentamente en el sofá, ¡Por fin un momento de relax! Es tan cómodo preparar las clases de la próxima semana desde aquí, que no cambiaría por nada mi iPad.
Mientras preparo las presentaciones que llevaré, la próxima semana, a la pizarra digital y los ejercicios y prácticas correspondientes que mis "chicos" deberán enviarme, me relajo, y me vienen a la mente muchos recuerdos de cuando yo iba al instituto: ¡Pero cuánto trabajaba, y qué rabia me daba que me mandaran tantos trabajos semanales! ¿Y el peso que llevaba siempre en mi mochila, transportando libros de camino al instituto? Como vivía tan cerca... Si os digo la verdad, siento nostalgia al recordar ciertos momentos, como cuando el profesor me mandaba a conserjería, a pedir tizas, porque ¡sí, se acababan!, o cuando, a la hora de realizar un examen, el profesor, inmerso en su despiste, se olvidaba de traer los folios, y no le quedaba más remedio que ir a molestar a la pobre conserje ¡otra vez! para pedirle los 100 folios que le hacían falta para repartirnos... ¿Y qué me decís del dolor de muñeca que me daba después de una sesión de "Literatura española en la Edad Media" en el primer año de carrera? ¿Y las manchas de tinta en mis manos al utilizar un bolígrafo bic? Pero qué tan lejanos recuerdos... ¿Qué es un boli bic? Ya casi no recuerdo el olor a tinta, ni la textura de las páginas de mis apuntes al deslizar mis dedos por las hojas de un folio al finalizar mis clases... En la carrera sobre todo, porque en el instituto... La verdad es que en el instituto lo que más utilizaba eran aquellas montañas de libros interminables, encuadernados en tapa blanda e impresos en un papel un tanto suave, brillante... ¡Pero qué poco me gustaba transportarlos!
Hoy en día, echo un vistazo al presente, a mis alumnos, a su material, a sus actitudes... y vuelvo a mirar hacia el pasado, mi pasado, mi ambiente escolar, mis aulas, mis profesores... ¡Ahora soy yo esa profesora!. Y bien... ¿Dónde ha quedado mi pasado? Yo no soy ese tipo de profesora que manda al alumnado a pedir tizas, que tiene alergia al pesado polvo de la pizarra, ni que olvida los folios para repartir en un examen. Y no lo digo porque no sea una despistada y un tanto olvidadiza, porque todos tenemos pequeños defectos, ¿o no es así? ¡que ponga un tuit el que no los tenga! Y es que el sistema y las formas de educar en general han cambiado tanto, que ya ni nos acordamos para qué servían esos materiales, tales como los mencionados anteriormente. Pensemos en lo fantástico del nuevo sistema, en la comodidad de trabajar desde el sofá, como yo lo estoy haciendo, teniendo a mi alcance mi iPad, y en el ventajoso uso de la pizarra digital, de los libros electrónicos... Echando un vistazo al mío, puesto que, como ya os he dicho, estoy preparando mis clases de la próxima semana, pienso en cuánto habría agradecido tener uno de estos, la comodidad de llevar todo el temario de mis asignaturas y poder trabajar sobre este magnífico soporte, que apenas pesa doscientos gramos... Vaya, ¡con lo lejos que estaba el instituto de mi casa, y el dolor de espalda que tenía siempre!
Los modos de educar y los materiales didácticos que empleamos en el aula hoy en día han cambiado tanto y nos sentimos tan satisfechos, que a veces ni nos acordamos de cómo nos educaron a nosotros, sin nuevas tecnologías. Y parece increíble, ¿no es cierto? ¿cómo podía ser eso? Lo cierto es que, como podéis comprobar, recuerdo perfectamente cómo me educaban, porque de lo que siempre me he sentido satisfecha es de mi buena memoria, pero, realmente, ¿yo sería capaz de hacerlo así? Bueno, es momento de finalizar este viaje al pasado, que llego tarde a un importante evento, y el teletransporte de las diez está a punto de salir.
Una nueva forma de educación caracterizada por la innovación que facilitará el aprendizaje del alumnado en el aula
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martes, 27 de mayo de 2014
Recordando lo vivido.
Hoy, hace treinta años que saqué adelante
mi plaza fija en el instituto en el que estoy. Treinta años de vivencias continuas con diferentes alumnados que me
extraen distintas emociones a lo largo de los días.
Quién me iba a decir a mí que me
adentraría hace treinta años en una clase donde el principal protagonista sería
el ordenador. Dentro de mi etapa educativa y formativa la función del
profesorado era clave, ese nexo de unión que te formaba en una etapa educativa
en el instituto. Sin embargo, actualmente observamos que el ordenador de cada
alumno forma esa figura que antes se centraba en el tutor, el profesor que ha convertido
en el director de la clase, aquella persona que se encarga de mantener el orden
pero… ¿Dónde queda la formación del alumnado? En internet.
La formación del alumnado queda en el gran
mundo de internet. El profesor se siente indefenso ante este mundo. Se ha
convertido en un mundo que nos aleja del mismo alumnado, se ha convertido
sinceramente en un problema grave puesto que no podemos localizar la intención
del propio alumno. ¿Se está formando el alumno o se dedica en las clases a
otras cuestiones? Sinceramente, no lo sé. Pero considero que la figura del
profesorado es fundamental y que los alumnos necesitan la formación de este
para llevar a cabo una buena formación educativa. La unión entre el profesorado
y las nuevas tecnologías eso es la clave: la unión, pero no la desvinculación
de una y la imposición de otra. Un vistazo al pasado.
Si alguien me hubiese
dicho hace treinta años que hoy, 27 de mayo de 2044 estaría enseñando de esta
manera me hubiese parecido una locura puesto que nadie hubiera pensado que el
sistema educativo pudiera cambiar tanto en tan poco tiempo.
Sí, hoy digo que treinta años me parece poco tiempo,
sin embargo, si alguien me hubiese preguntado entonces cómo veía mi vida futura
jamás se me hubiese pasado por la mente describirla así. Es cierto que me veía
trabajando como docente puesto que ese ha sido mi objetivo desde que tengo uso
de razón. No obstante, debo confesar que me veía a mí misma en una clase,
utilizando la pizarra tradicional y utilizando el mismo sistema con el que me
habían educado.
Al principio me costó acostumbrarme a todas las modificaciones
e innovaciones tecnológicas que se iban desarrollando en cuanto a lo que
impartir las clases se refiere pero es que ¿quién iba a decirme hace treinta
años que daría muchas de las clases a través de la pantalla de un ordenador? ,
¿quién iba a decirme que las pizarras se cambiarían por grandes iPads y que
cada estudiante dispondría de su propia Tablet?, ¿cómo iba a saber que se
quedaría obsoleto el sistema tradicional de toma de apuntes y se cambiaría por
un único sistema de voz?
Es cierto… a día de hoy, cuando me pongo a pensar en
todo lo que ha cambiado evolucionado la educación, sigue sorprendiéndome el
gran paso que se ha dado hacia una innovación tecnológica que beneficia
sobremanera el correcto desarrollo del proceso de enseñanza-aprendizaje. Es
entonces cuando me pregunto ¿por qué nos costó tanto adaptarnos a los cambios? viernes, 23 de mayo de 2014
Menos mal que tenemos una aplicación que nos avisa que nos van a atropellar o algo y tenemos que prestar atención al mundo
Las 7:30 de la mañana, ummmm me queda un ratito más en la cama. Bueno, voy a levantarme ya y así repaso lo que vamos a ver hoy en clase...
Desayuno y leo el periódico, siempre lo mismo pero nunca igual, recuerdo cuando veía a mi padre leer el periódico de papel, recuerdo el olor a papel y tinta, los dedos marcados por la tinta... a mi ya me pilló el cambio, cuando comencé a leer periódicos ya usaba internet con regularidad y bueno, siempre lo hice con este medio, el soporte fue el que cambió, al principio el ordenador se sentaba en la mesa a desayunar conmigo como si un compañero de piso se tratara, lo fui cambiando por cada uno de los diferentes soportes que se fueron poniendo de moda... ¡mira que artículo más interesante para tratar en clase! pues eso ¡ea! hora de atender a mis "niños".
¡Buenos días a todos! ¿Cómo ha ido el fin de semana? ...
He leído un artículo muy interesante en el periódico hoy y me gustaría tratarlo para trabajar "cómo dar opinión" el artículo va de lo que siempre os pillo haciendo en clase en lugar de atenderme a mi, "las compras en clase"
¿Quién va hoy en día a comprar ropa a las tiendas? Han desaparecido oficios como el de cajero, reponedor, etc. Ahora solo hay repartidores. ¿Alguien echa en falta ir a tocar y oler aquello que tiene pensando comprar antes de hacerlo? Hemos perdido grandes cosas... Ahora como no vayas a un mercadillo nada de nada.
Bueno lo dicho, leed el artículo, si no conocéis alguna palabra... ¿para qué me esfuerzo? Todos tenéis a mano cualquier información. Escribid vuestra opinión y veremos en qué se puede mejorar.
lunes, 19 de mayo de 2014
Qué tiempos aquellos
15 de Mayo del 2034, cuatro y media de la madrugada y uno sin poder dormir desvelado cual murciélago en la noche. 15 de Mayo, martes o, mejor dicho, ya miércoles pues en pocas horas empezará un nuevo día lectivo. ¿Qué hacer, intentar, una vez más, conseguir el sueño o darme por vencido y buscar una alternativa? Cinco de la mañana. Tú ganas, querido insomnio. Busquemos una alternativa, pues.
Entre bostezo y bostezo, me surge una duda. ¿Cómo podían trabajar mis colegas de profesión hace 30 años? Es una quimera tratar de pensar que un profesor de nuestros días pudiera serlo hace tanto tiempo. ¡Alguien se imagina una clase sin pantallas digitales en el campo visual de cada alumno! Recuerdo que, cuando yo era alumno, los profesores usaban un material tan incómodo como extraño para anotar cosas en la pizarra. ¿Cuál era su nombre? ¡Uf! Imposible recordar...
Cosas tan comunes como unas simple Google Glass no sabían ni lo que eran, con lo cómodas que son usarlas para comprobar el comportamiento de la gente en clase.
Siete de la mañana. En fin, visto el éxito de mi descanso, me voy a trabajar. Suerte que contamos con el teletransporte, si no no llegaría a tiempo al trabajo...
sábado, 10 de mayo de 2014
¿Realidad o ficción?
¿ CÓMO SERÁ EL MUNDO DENTRO DE DOS DÉCADAS?
En esta sociedad en la que nos encontramos sumergidos, ¿somos realmente conscientes de la situación que nos deparará el futuro?
No encontramos las palabras concretas para describir ese inminente futuro, pero tenemos el poder de anticiparlo. Una cosa tenemos claro: los cambios producidos en esta sociedad van a pasos agigantados.
Por tanto, no sería de extrañar, que algunos aspectos de nuestra vida en 2030 será muy diferente de la actual. ¿Imaginamos la vida tal cómo la vemos representada en la imagen? ¿Sería posible tales niveles de evolución? Pero no sólo destacar este ámbito de nuestra vida futura, sino pensar en el servicio de transportes, de sanidad, de comunicaciones y, cómo no, de ocio.
Pero sobretodo la revolución que podría causar la telefonía móvil y los ordenadores super inteligentes. Aspectos relacionados con la ciencia-ficción, siempre tan obsesionada por nuestro futuro. ¿Viviremos en una eterna película? La vida humana y robótica se unirán, y ambas marcarán el sendero que nos conduciría a una época de cambios y bienestar donde la inteligencia artificial será la gran protagonista de todos ellos.
Llegará el momento, que desde el objeto que nos sirva como teléfono móvil, podremos activar la puerta de casa para entrar, además de estar monitorizadas nuestras constantes vitales, momento en el que nuestra salud no correrá ningún riesgo porque nuestro médico conocerá de forma remota todos aquellos síntomas que nos acechen. Una manera fácil y cómoda de evitar posibles enfermedades.
A todo esto, ¿no sería fácil pensar que en 2030, nuestro teléfono móvil fuera un implante en nuestro cerebro? Nuestra vida sería más sencilla.
Pero como respuesta a tantas preguntas, todas ellas incluso descabelladas según desde el punto de vista desde donde se mire, ¿estaremos preparados?
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